20070323
Es antes del amanecer.
Una infinidad de minúsculos ojos verdes
eriza el agua.
El mar es la piel quieta de un espectro.
A lo lejos dos gallos presienten
la resurrección del sol
en el jardín circular.
A la misma hora,
él se abre las venas.
Un mar espeso crece sobre la terraza,
los primeros rayos solares
tendrán sabor a púrpura y despecho.
20070318
20070308
20070304
Entra un hilito de claridad por la rendija. La luz contiene partículas que me atraen. Son pelillos que juegan a desafiar a Newton y me recuerdan la época en que el océano llegaba al borde de mis ojos. Un océano que me contenía y en el que yo brillaba libre, ingrávido, observando los lejanos portales por donde los hilos de la vida deambulaban.
Entra un hilito de claridad en el instante en que mi memoria trata de recuperar tu aroma.
20070218
El hombre corre y a su paso saluda con la mano izquierda a los transeúntes que pasan, a los choferes, a los pasajeros de los autobuses.
Dos hombres jóvenes que van unos asientos detrás de mí, de pronto lo ven pasar y dicen: "ese mae está loco". Yo ya lo había visto y mientras los hombres hacían el comentario pensaba en lo original y desinhibida que era la actitud del tipo. Luego pensé si de veras estaría loco el hombre. Le miré el rostro, me pareció despreocupado y sereno. Volvió a verme y me saludó con una suave sonrisa.
Siguió corriendo. Yo sigo pensando en mi asiento con ganas de leer a Michel Foucault.

Tengo mucha hambre. Abro el televisor:
Adentro hay bulbos, cables
y unas placas de circuitos integrados
que tienen apariencia de galletas sodas fosilizadas.
Hay una calma ominosa
y solo alcanzo a oir los gritos de mi panza
reverberando en las paredes del presidio.
Encuentro una puerta, afuera está
el desierto y sobre él se extiende una
ligera/suave/tersa/dulce escarcha de muerte.
20070208
20070121
PUERTA ABIERTA
Fue desde que te fuiste que las paredes empezaron a tomar color de incertidumbre. Poco después empezaron a aparecer los pájaros.
Los miro a través de la ventana, corro la cortina sólo un poco haciendo espacio apenas para un ojo. Los bichos están ahí, observándome fijamente con ojos torvos de color indefinible. Un hilo de hielo me baja por la nuca y se desparrama por mi espalda. Paso el día intranquilo, posando mis ojos sobre las paredes que antes tenían un color apastelado.
He abierto la puerta para enfrentar a las alimañas (me sudan las manos), pero no están, se han escondido las malditas. Siempre lo hacen pero sé que están cerca, acechándome y que en cuanto cierre la puerta volverán a tomar sus puestos frente a esta casa que se me ha convertido en caparazón y sin embargo me resulta cada vez más desconocida.
Hoy he decidido dejar la puerta abierta y sentarme en un rincón oscuro de la sala, a esperar. Talvez las pequeñas bestias decidan entrar y así sabré de una vez por todas a qué han venido, porqué me sitian desde hace siglos.
No conozco de pájaros. Quizá sean cuervos y vengan a sacarme los ojos. Me convenzo de que eso fue un lapsus gracioso en medio de la desazón que se me ha vuelto una enfermedad crónica. En todo caso si así fuese no me queda mucho que mirar desde que te fuiste y el color de incertidumbre se adueñó de las paredes y luego poco a poco lo hizo también de la fachada, de la acera, de la calle, de los edificios de enfrente, de las nubes, del horizonte, de los amigos, de mi sonrisa…
Sólo defino con claridad el rectángulo de luz que entra por la puerta y unas pequeñas siluetas que avanzan hacia mí en completo silencio.
