20100310
rompiendo las costuras del deseo ajeno.
Como ajenos están a los epítetos soeces
o a la búsqueda de significados profundos.
Signos de su tiempo, inefables.
Insconscientes de su teórica atrocidad.
Las olas siguen rompiendo abajo,
¿no son monstruos que se tragan los cangrejos,
las barcas,los hombres sin propósito de mar?
En el tránsito nocturno,
ellos quieren perdonarnos.
20090405
20090127
20090117
20081005
Urbanidad
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20080824
20080719
y a los pulpos que se comen los perros. Freno hacia atrás para no irme de bruces justo donde la quebrada y el mar se conocen. Abajo, los huesos recuerdan quienes eran antes de ser consumidos. Arriba, la gente sigue haciendo lo que aquí mejor se sabe: sacarle suertes a la espera.
20080705
La guitarra va tatuando canciones con precisión
de cirujano en la superficie de los atrapados
bajo las luces de un norte incipiente.
Toda la piel es oído, fidelidad de carne viva
penetrada por el bossanova implacable y terso.
Sabemos todos los de ahí dentro que el destino
como en un western antiguo terminará por alcanzarnos,
pero por ahora no se le ven las piernas.
El piano martilla en portugués y todos
creemos entenderle: nos canta un réquiem
en cadencia tropical bajo las luces de cáncer.
Los ojos tuyos: llamas de vela.
20080511
Imagen
Hablás y los ecos se convierten en palabras.
Porque son ecos, fantasmas
filológicos que no existen de veras
hasta que decís:
dolor, amor, clamor, verdor, vos.
La palabra es el mito de nuestro siglo.
Viene vestida de sangre y de agua que desvanece.
Se proyecta la palabra en el espacio
y la luna se hace astro, camisa de plata,
recipiente de los sueños perdidos,
el más eco de los ecos.
El eco es la verdad de tu vestido,
vestido de fantasmas.
Poderes
En la brisa vuelan vidrios rotos
que me abren tajos en las mejillas.
La tempestad se acerca
con la misma desinencia que la soledad.
Y muerde-muerde con los mismos
dientes de un predador extinto
el monte, las casas viejas, las casas débiles,
los animales presos de los hombres,
los hombres presos del dolor,
los niños presos del destino.
En la torre de cristal,
encima de las nubes,
la tempestad se ve como
un lejano recuerdo del subdesarrollo
que vuela,
vuela con los pájaros y los perros
y se lleva tu sangre lejos.
